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 27 de diciembre de 2006

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¡Socorro! No quiero morir (Fuego bacteriano)

publicado en Diario de León 27/12/2006,

LOURDES GALLO PÉREZ  

Brotes jóvenes de manzano atacados por el "fuego bacteriano"

«SOY CAMPANO , un peral de 230 años que vivo, bueno, mejor dicho, sobrevivo todavía, en un huerto de la Cepeda, esa comarca deprimida y tranquila que se encuentra en el noroeste de la provincia de León, siento que mis días se van acabando, no tanto por la enfermedad que padezco, sino porque he sido señalado y presiento que cualquier día de estos me tocará a mí, vendrán, cortarán mi robusto tronco sacarán mis raíces de esta tierra que amo tanto, y llevarán mis restos a una fosa construida recientemente, y allí junto a mis compañeros, de momento dos mil, nos quemarán como a las meigas la Santa Inquisición».

El desastre del fuego bacteriano está en la Cepeda. En la Cepeda, en la Omaña y en Maragatería, pero hasta el momento la administración, sólo lo ha reconocido en la Cepeda y en la Omaña. Les pediría que se den una vuelta por el Val de San Lorenzo, sin ir más lejos. El problema en la Cepeda no es de ahora, Empezó a juicio de muchos hace unos cuatro años aproximadamente, pero ha sido este verano cuando una técnico de agricultura de la Junta de Castilla y León, originaria de un pueblo de la Cepeda, se percató del problema y empezó a meter mano al asunto. Llevó unas muestras para analizarlas y efectivamente, el fuego bacteriano estaba quemando nuestros árboles, frutales principalmente: manzanos y perales, membrillos, serbales...

El aspecto que presentan los árboles es como si se hubiesen quemado, de ahí su nombre, fuego bacteriano. La bacteria empieza a atacar los brotes más tiernos, y avanza secando por completo las hojas y las ramas hasta que acaba con el árbol. La gente pensaba que lo que les pasaba a los árboles era por culpa de los veranos tan secos, en especial éste. Pero la administración no dejó que se levantara la voz de alarma y empezó a actuar inmediatamente. Mandó una cuadrilla a la zona que empezó señalando los árboles, con una pintura fosforita de color rosa o verde bordeando el tronco. Posteriormente y tras la perplejidad de los habitantes de la zona, cavaron unas grandes fosas en distintos puntos donde después de cortarlos y arrancar sus raíces los queman, y así fueron rastreando pueblo tras pueblo de la Cepeda alta, huerto tras huerto, árbol tras árbol, hasta marcar cuatro mil, algunos con 200 y 300 años de antigüedad.

Quema de arboles afectados en Ferreras

La clave de todo el asunto está en las siguientes preguntas: ¿Qué pasó con las inspecciones que anualmente la Junta de Castilla y León tenía que hacer a las comarcas? Ahora sí; ahora nos prometen varias inspecciones anuales, cuando ya es tarde. Si el problema se hubiese detectado a tiempo, estas medidas drásticas que ahora toman, serían efectivas. Pero un vez más llegan tarde. ¿Cómo ha entrado la bacteria en nuestro valle? ¿No tendrán algo que ver las plantas de la familia de las rosáceas, que felizmente la administración plantó a modo decorativo en la mediana de nuestra autovía del Camino de Santiago, y en la A6 de la Bañeza a Ponferrada?

De forma inmediata, eliminaron estas plantas de la autovía A6. Según ellos para que la enfermedad no se transmitiera hacia el Bierzo. A mi modo de ver, la enfermedad estaba en esas plantas, traídas por la administración, de viveros de centroeuropa. Este ha sido el gran fallo que han tenido y que pretenden tapar. ¿Por qué inmediatamente se cortaron todas las posibles vías de contagio hacía el Bierzo?, claro, en el Bierzo, los frutales no sólo están destinados al consumo familiar, en el Bierzo los frutales son un factor importante en la economía berciana, dan de comer a muchas familias, y los afectados no se iban a callar, ni a ser tan sumisos como la envejecida población de la Cepeda. ¿No existen otros métodos de atajar el problema, sólo de raíz?

¿Hasta que punto nos pueden asegurar que acaban con la bacteria, y que el problema se elimina por completo? Y si no es así, ¿qué pasa con los 6000 árboles que oxigenan y dan vida a nuestra pobre comarca? ¿Se puede pagar por un ser vivo de 200 años 39 euros?

Tal y como está la bacteria de extendida, ¿será cierto que con la desaparición de estos 6000 árboles se erradicará totalmente el problema? A mi modesto parecer creo que es un poco tarde para todo esto, si las inspecciones se hubiesen llevado acabo en su día, y se hubiese detectado el problema al inicio de su aparición, todo esto tendría algún sentido.

Por muy bien que se haga el rastreo, por muy competente que sea la brigada, y muy grandes y profundas que sean las fosas, no me creo que se pueda acabar con la bacteria. ¿Qué pasa con los frutales salvajes y árboles propensos al contagio como los serbales, que se camuflan en el bosque de nuestro valle? Me gustaría que alguien me explicara, en que otras zonas y con la misma magnitud del problema que aquí, éste se ha extinguido usando el mismo método.

Me gustaría también que nuestros representantes políticos locales dejen su pasividad a un lado, y redoblen sus esfuerzos por estas causas:

-Pedir y contrastar diferentes opiniones de expertos en el tema.

-Pedir las oportunas responsabilidades.

-Solicitar la reposición de los árboles ahora eliminados.

-Inspeccionar las labores de arranque y corta, por si no se están llevando acabo adecuadamente.

-No cegarse con el dinero que diferentes empresas les ofrecen para poner árboles de hierro, molinos de viento. Los árboles verdes de toda la vida, al final, son mucho más rentables. Si insisten en ponerlos, que los pongan en la Candamia, al lado de León capital, que allí también sopla el viento, o quedan feos.

Y a la administración, ya que el daño está hecho, quizá lo más sensato es que reconozca lo siguiente:

1º Que se ha equivocado y asuma su responsabilidad.

2º Que no intenten hacernos creer que este es el método más adecuado de tratar el problema, teniendo en cuenta lo extendido que está, y taparnos la boca con una limosna de treinta y nueve euros por árbol.

3º Que inviertan el tiempo y el dinero adecuadamente; el tiempo, en enseñarnos a convivir con el problema, a talar y tratar los árboles afectados; y el dinero, en repoblar nuestra tierra con árboles autóctonos, roble, castaño, cerezo, para que la Cepeda además de pobre, envejecida, solitaria y tranquila, siga siendo una comarca verde, exportadora de patatas y cerebros, no se olviden.

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